Pone en la lápida
de Agustín Gómez Arcos:
«Un hombre libre».
En la mía pondrá,
por si a alguien le interesa:
«Un hombre muerto».
Una utopía
(por no decir una mentira)
y una obviedad
(por no decir una verdad).
¿Quién fue Gómez Arcos?
Está escrito en piedra:
un hombre libre;
herido, pero libre.
¿Quién fui yo?
Ya lo dije:
Un hombre muerto;
indemne, pero muerto.
Para eso se inventaron
las lápidas de piedra:
para poder escribir
utopías y mentiras,
como que yo fui libre
y Él está muerto.
