Las tribulaciones de un marinero en tierra

#321 El perenquén

Un perenquén habita en mi cocina.
Para quien no lo sepa, es un lagarto pequeño o tal vez una pequeña salamandra.
Tiene los ojos grandes y la cabeza ancha.

Posee el superpoder de subirse por las paredes (sin estar enfadado).
Dedica sus noches a comer bichos.
A lo mejor es cristiano, porque sólo se deja ver de Pascuas a Ramos y, a veces, de San Juan a Corpus.

Pero tal vez no; creo que no es creyente.
Es viejísimo: nació antes de nuestra Era, ese círculo empedrado donde antaño trillábamos las mieses.
De tan viejo, se ha vuelto más sabio que el propio Diablo.

Aunque habita en mi cocina, según la Ciencia es súbdito de un reino llamado Metazoa, cuyo rey, según Dios, es el Hombre (la mujer no está incluida).

Pero a Él, al perenquén, le da igual: Dios nunca arregla nada, y la Ciencia a veces arregla unas cosas pero estropea otras.
No como el Tiempo, que las destruye todas. ¡Qué poderoso y ecuánime es!

Mientras llega mi Hora, me alegra la muerte y me alivia la vida saber que el perenquén anda trajinando y comiendo bichos, noche tras noche, en mi cocina.

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