Voy caminando al trabajo a las siete de la mañana. Se intuye algo de claridad en el horizonte del Mar Tenebroso. En la calle desierta hay un árbol lleno de pájaros. No puedo verlos, pero llevo unos minutos oyéndolos, mientras me acerco: están piando como locos, metiendo un ruido de mil demonios (o de mil ángeles, que tienen alas, a pesar de ser incorpóreos). Me quedo un rato escuchándolos; a veces me parece percibir cierta armonía en el desordenado escándalo.
Al lado del árbol está la tapia del cementerio antiguo. El ruido de los pájaros no altera el descanso de los muertos, porque no están descansando, están muertos. Casi nadie los recuerda ya. Los viejos huesos se deshacen en polvo, igual que las brillantes cajas de madera que una vez los acogieron.
Al otro lado de la calle hay un flamante centro comercial. Bajo los neones apagados, varias personas sin hogar intentan descansar envueltas en cajas de cartón. Junto a una de ellas siempre hay un perro, que asoma el hocico bajo una manta raída y me mira al pasar.
Al otro lado del mundo, a la vuelta de la esquina en realidad, unos canallas hacen la guerra desde sus despachos (cuadrados u ovalados). ¡Malditos sean! Mil veces malditos.
Me alejo del árbol de los pájaros. Tengo que fichar, para hacer las tonterías con las que me gano la vida. Los muertos siguen deshaciéndose y desapareciendo del recuerdo. Las personas sin hogar están contando los minutos para recoger sus camas de cartón (hoy no está el perro bajo la manta). Los canallas siguen matando. El sol sale y los pájaros callan.
El Inutilitarismo está de enhorabuena. Tras la gran acogida del primer número del fanzine Inutilidades, con una tirada provisional de 37 ejemplares, comienza la preparación del segundo (Mayo-Junio). Pueden remitir sus creaciones desinteresadas a inutilidades@mf.me, para su valoración por el comité editorial. Tres cosas: – Deportividad. – Nada de IA. – Mil gracias.
UNA DE las pocas cosas interesantes que escribió André Malraux (1901-1976) es una pequeña anécdota que cuenta en sus Antimemorias: Le preguntó a un viejo sacerdote qué había aprendido sobre la naturaleza humana tras pasar toda su vida escuchando las confesiones de sus feligreses. El cura respondió: «Básicamente, que no hay adultos».
Me acordé de esta historia hace unos días, mientras asistía a un congreso sobre rollos del espacio. Se hizo una conexión en directo con la Estación Espacial Internacional para que unos niños (niño y niña) de 14 años pudieran hablar con las astronautas Jessica Meir y Sophie Adenot. El objetivo (que ya no sé si es bueno o malo) era fomentar las vocaciones científicas y tecnológicas en temas del espacio.
Pero al escenario no subieron sólo los niños, sino también cuatro políticos (tres hombres y una mujer). Cada uno de los seis le hizo una pregunta a las astronautas, y uno de los políticos (tal vez el de mayor rango) preguntó por segunda vez. Me pareció un poco ridículo. Lo suyo, en mi opinión, hubiera sido dejar que los niños hablaran todo el rato con las astronautas. Pero los políticos quisieron tener sus minutos de gloria y su foto, y la organización del congreso se los permitió (por razones tan obvias como vergonzosas).
En conclusión, es verdad que no hay adultos. Y en época preelectoral, menos.
Nota generacional: el niño y la niña eran altísimos y hablaban inglés súper bien.
PERSONA seguidora de la corriente que, desde el siglo VIII, promueve insistentemente, para desesperación de sus semejantes, el culto a las imágenes sagradas, y fomenta su proliferación indiscriminada.
Con el advenimiento de la informática personal a finales del XX, los iconoplastas tuvieron una destacada participación en el diseño del Windows 95. Les parecía insoportable que el Windows 3.11 para trabajo en grupo tuviera todos los iconos iguales.
LAS POSIBILIDADES de diseño de un fanzine (fan magazine) son infinitas. A continuación vamos a ver un ejemplo con el fanzine Inutilidades, que puede servir de inspiración y como introducción a las técnicas generales.
Lo primero es tener un tema o contenido sobre el que versará el fanzine. En nuestro caso, Inutilidades es un fanzine «cultural» (poesías, relatos, ensayos, reseñas de libros, fotos, mapas, etc.), creado como vehículo de expresión del movimiento inutilitarista, pero puede tratar del tema favorito de cada cual: música, moda, bicicletas, naturaleza o lo que sea.
Después hay que escoger un diseño. Nosotros hemos optado por el tamaño A5 (la mitad de un A4 de toda la vida), para que sea más fácil de transportar y sea más «intimista»; un tamaño tipo revista convencional nos parecía demasiado grande. Aunque, con la idea de hacerlo diferente y más divertido, no todas las páginas son A5. En este primer número hemos empezado con veinte páginas en dos tamaños: cuatro páginas A5 (una hoja A4 plegada por la mitad, que hemos llamado «opúsculo») y dieciséis páginas A6, en dos grupos de ocho páginas (cada uno hecho con un A4 plegado en cuatro, que hemos llamado «opusculillos»). Es decir que obtenemos las veinte páginas del fanzine (cuatro A5 y dieciséis A6) con solo tres hojas A4. Por evitar confusiones, nótese que hemos llamado «hoja» al papel, que tiene dos caras o «páginas». Si doblamos una hoja por la mitad, se obtienen cuatro páginas, etc. En la siguiente foto se ve cómo van montados los opusculillos:
En todo caso, siempre se pueden añadir más hojas/páginas en caso necesario. Además, el fanzine lleva un marsupio (bolsillo) para incluir contenido adicional; en este número es un mapa, pero puede ser una foto, un marcador para libros, etc. Todo el contenido va impreso en blanco y negro (por economía y por mantener el espíritu fanzinero de los 80), salvo un pequeño truco que veremos después. Así es el marsupio:
En la siguiente foto se muestra el material necesario. De izquierda a derecha: A4 de cartulina para la cubierta y contracubierta (y un recorte para el marsupio), A4 de color para el opúsculo, dos A4 blancos para los opusculillos, y un A4 de papel reciclado para el mapa:
Y en esta foto, lo mismo ya impreso:
Las herramientas básicas para hacer un fanzine son, para empezar, un ordenador y una impresora (en este caso una pequeña láser bastante económica). Para hacer la composición hemos utilizado el LibreOffice Impress, que sería el equivalente en software libre del Powerpoint de Microsoft. En la composición hay que tener en cuenta dónde cae cada página, y su orientación, cuando se pliega la hoja A4. En la siguiente foto se ve, en la pantalla del ordenador, cómo irían las páginas de una cara de una hoja A4 de un opusculillo:
La herramientas manuales serían las siguientes: Reglas, plantillas, lápiz, cuchilla, plegadora manual o bone (absolutamente fundamental), marcador para plegar (hecho con un boli sin tinta), grapadora de brazo largo, redondeadora de esquinas, cola, pincel, prensa (hecha con un sargento de carpintería; deseable, pero no imprescindible). Se muestran a continuación:
El pequeño truco de color es el que se muestra en la foto siguiente. Es súper simple, pero tiene su gracia:
Por último, añadir que Inutilidades es una publicación «libre de IA», lo que implica el compromiso de las personas colaboradoras. (Lo de la IA es un aburrimiento y no requiere más comentarios).
EL INUTILITARISMO (movimiento cultural que reivindica la inutilidad de lo inútil) está de enhorabuena: se ha publicado el número 1 del fanzine Inutilidades.
Puede obtenerse en papel, al módico precio de lo que cuesta un café (en la cafetería de cabecera de cada cual), en la librería independiente La Pardela, de Santa Cruz de Tenerife. Los colaboradores que residan en lugares remotos pueden comunicar su dirección a inutilidades@mf.me y se les enviará por correo postal.
EN LA intranet del curro hay una aplicación para solicitar las vacaciones y los días libres. Es un formulario web súper simple: fecha de inicio, fecha de fin, concepto (vacaciones, etc.) y observaciones. Lo curioso es que el campo de observaciones es obligatorio, lo que significa, informáticamente hablando, que no se puede dejar en blanco. Cuando no tengo nada que comentar (que es casi siempre), escribo «Sin observaciones».
Me pregunto si decir que no hay observaciones es una observación. Por un lado, creo que no, sólo estoy manifestando precisamente que no las hay. Incluso tengo dudas de si es una metaobservación, porque no estoy dando información sobre la observación (estoy diciendo, insisto, que no la hay). Por otro lado, podría pensarse que sí es una observación por el mero hecho de estar escrita en el campo de observaciones. Pero creo que, para ser una observación, además debería significar algo. Si escribiera un espacio en blanco (no he probado si lo permite) o un punto (sí lo permite), no se podría llamar observación, porque un espacio en blanco o un punto no significan nada. Bueno, están expresando que no hay observaciones y se han escrito como truco para evitar la restricción informática, pero en fin.
Y ya que salió lo del espacio en blanco: ¿Escribir un espacio en blanco es escribir? Analógicamente, diría que no, aunque los espacios forman parte imprescindible de un texto (los antiguos no los usaban y era un lío). Pero informáticamente creo que sí, porque el espacio en blanco tiene su codificación en bits. En el famoso código ASCII (American Standard Code for Information Interchange) es el 32 (en decimal). Pero ojo cuidado, que ese es el espacio en blanco de toda la vida. Existe un segundo espacio en blanco llamado nbsp – non breaking space (espacio sin separación), con el código 255 (en decimal). Se usa para separar (como el espacio en blanco normal), pero impidiendo que un salto de línea haga el corte justo en él, en el caso de que esté al final de un renglón. Ejemplo: 20 cm. Conviene usar un nbsp (Alt+255) para que el procesador de textos lo interprete como una palabra completa y no la parta por medio, que quedaría feo. Como el espacio en blanco funciona como un carácter cualquiera (aunque invisible al ojo humano) y hay que pulsar una tecla, está claro que sí es escribir. Nótese que es diferente a una máquina de escribir: al pulsar la barra espaciadora, se mueve el papel para generar el espacio, no se escribe nada.
La conclusión es que esto de la transformación digital es un rollo. Como dijo M. Rajoy (en este caso la M sí es de Mariano): «Is very dificult todo esto».
YA SE sabe que existe un día mundial/internacional para todo, incluso para las cosas más inesperadas. Lo que he descubierto hace poco es que también hay Vírgenes para prácticamente todo. En un palike anterior compartí mi ardua investigación sobre la aparente multiplicidad de las Vírgenes. La conclusión es que todas, desde la Candelaria a la de Guadalupe, desde la de Lourdes a la de Fátima, son la misma. La SMI (Santa Madre Iglesia), experta en el arte de la prestidigitación cognitiva, denomina «advocaciones marianas» a este desconcertante fenómeno.
Por ende, el bebé con el que habitualmente se representa a (casi) todas las Vírgenes, no es otro que Yisus recién nacido. Aunque, a diferencia de su(s) madre(s), no recibe nombres diversos, es decir, que afortunadamente a la SMI no le dio por crear también «advocaciones yisuíticas». Pero bueno, no quiero irme por las ramas.
Lo que decía es que hay Vírgenes para casi todo. Primero caí en la cuenta de que se dividen en dos grandes grupos: las que tienen un nombre más o menos normal, o hacen referencia a un topónimo (como las que mencioné antes); y las que tienen un nombre aplicado a algo, que son las que nos interesan. Un ejemplo es la Virgen de los Buenos Libros, de la que soy devoto, aunque a veces, todo hay que decirlo, me decepciona.
Mi último descubrimiento ha sido la Virgen del Tránsito. Me llamó la atención por una razón eminentemente práctica: encomendarme a ella en los aeropuertos, en el momento de hacer la conexión con un segundo vuelo. En efecto, la Virgen del Tránsito representa justamente eso: el momento en el que la susodicha, como si estuviera en un aeropuerto, se dispone a partir de viaje hacia el cielo. Aunque hay dos diferencias: la primera es que, en el caso de la Virgen, el cielo es el destino final, no un simple medio por el que se produce el desplazamiento (como con el avión); y la segunda, precisamente que no hay avión, sino que la Virgen sube al cielo por un medio desconocido. (La paradoja es que este hecho se atribuye a su Hijo, en lugar de a la paloma, que tiene la facultad de volar).
Resulta pertinente aclarar que lo que subió al cielo no fue sólo el alma de la Virgen, que no necesitaría medio físico de transporte, sino también el cuerpo. Según el dogma aprobado por la SMI en 1950, bajo la dirección de Pío XII (léase Pío shii), la Virgen no murió exactamente, sino que subió al cielo «en cuerpo y alma». La subida en sí es lo que se conoce como la «asunción de la Virgen María», que se celebra cada 15 de agosto. Y el «tránsito» es el momento justo anterior. Por eso a la Virgen del Tránsito se la representa yaciendo en una cama, con los brazos cruzados sobre el pecho, como si estuviera dormida.
Como el invento de la aviación comercial es posterior al tránsito de la Virgen, es posible suponer que el concepto de tránsito aeroportuario (que no todo el mundo conoce, dicho sea de paso) pudo inspirarse en aquél.
Y, ya por curiosidad, el 15 de agosto, en el que se celebra, como ya hemos dicho, la asunción (o postránsito) de la Virgen, también se celebra el Día Mundial de la Relajación.
PROVOCAR una controversia o trifulca verbal en verso. La persona que lo hace esporádicamente se denomina «poemizadora». Si lo hace de forma reiterada, incluso como forma de vida, «poemista».
Ya ha salido el número cero del fanzine INUTILIDADES, en plan experimental, con una tirada de 5 ejemplares. Sus características, que en principio se aplicarán para los sucesivos números (o a lo mejor no), son las siguientes:
Tamaño A5 (la mitad de un A4 de toda la vida) para que sea fácil de llevar y tenga cierto carácter intimista.
Consta de:
Cubierta y contracubierta .
20 páginas (inicialmente, pero se pueden aumentar), repartidas así:
4 páginas tamaño A5 (la primera para el índice), que formarían el opúsculo o bloque principal.
16 páginas tamaño A6, divididas en dos bloques de 8, que serían los opusculillos 1 y 2.
1 marsupio o bolsillo de 9,5 cm de ancho, para contener una foto o una hoja plegada con un texto, mapa, partitura o lo que sea.
Las secciones básicas serían: poesía, relato, ensayo, reseñas de libros, dibujos/viñetas y fotografía. Pero pueden añadirse otras.
De cara al primer número, pueden dirigir sus (desinteresadas) propuestas de colaboración a inutilidades@mf.me
Los trabajos serán seleccionados por el comité editorial. Se ruega deportividad si alguna propuesta no resulta seleccionada. También pueden posponerse para siguientes números, en caso de que haya demasiado de algo.
Solo se distribuirá en papel, con un doble objetivo: ser fieles al espíritu de los primeros fanzines, previos a la digitalización; y, si tiene éxito, que se convierta en un objeto de culto.
La tirada del primer número será de 50 ejemplares. Cuando esté listo se anunciará el punto de distribución. A los colaboradores que residan en lugares remotos (respecto al punto de distribución) se les podrá enviar un ejemplar por correo postal.