Me gusta comer pipas de giraluna
leyendo poemas de Cernuda.
Saben un poco a Sur,
están tostadas y llevan sal de río,
no las venden crudas.
Vienen en bolsas de papel (tamaño A5)
mezcladas con palabras
redondas, cuadradas, gruesas, livianas.
Palabras de la infancia (significados confusos)
remota y olvidada.
Están caras, la cosecha ha sido escasa
por culpa del mal Tiempo:
hace tiempo de miedo y tiende a empeorar.
Por suerte tengo una alcancía
llena de monedas de vil metal,
para ir a la venta de la esquina
a comprar poemas de Cernuda
(están bien de precio)
y leer comiendo pipas de giraluna.
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Me tropecé con la regaladora de árboles cierto día, casi al mediodía, en un cruce de caminos. Lo llamé Los Encuentros, como el cruce donde Juan Preciado fue a dar con Abundio, camino de Comala. Sólo que yo me dirigía a un sitio real, y la regaladora de árboles estaba vivita y coleando.
Era una regaladora ambulante: ambulaba por la comarca, y a veces deambulaba (sin rumbo), regalando árboles. Para mí era una novedad, nunca había visto una regaladora ambulante. Y menos, de árboles.
Le pregunté cómo se ganaba la vida, si regalaba los árboles en vez de venderlos. Me dijo que era regaladora de árboles a tiempo parcial, y durante el tiempo imparcial era funcionario público entrenador de IA. Con eso se ganaba la muerte. La vida le había tocado en un juego de azar. Me sentí identificado, aunque a mi me tocó en uno de azahar, y me alegré todavía más de aquel encuentro informal (o casual, como se dice en inglés).
Le pedí que me enseñara los árboles que regalaba. Tenía muchísimos. Altos, bajos, rectos, torcidos, de hoja caduca o perenne (esto me sonaba del colegio), de corteza lisa, de corteza rugosa. Una maravilla. ¡Qué variedad de árboles para regalar! Me dijo los nombres, pero nunca se me quedan. Da un poco igual, porque la gente que recibe los árboles suele cambiárselos. A veces hay nombres que se ponen de moda y es una lata.
Le pregunté cuántos árboles solía regalar y me dijo que muchísimos. Esta temporada esperaba llegar a muchos más que muchísimos, porque estaba de liquidación. La IA estaba aprendiendo a toda velocidad y en poco tiempo se iría de cabeza al paro. «Pero si eres funcionario», le dije. Se encogió de hombros. Se quedaba sin funciones, casi todas, hasta las de décimo segundo grado, las resolvía la IA. Le dije que podía vender los árboles en lugar de regalarlos. Pero le pareció una idea tan absurda que ni me contestó.
Me estrechó la mano y murmuró que tenía que continuar ambulando. Aunque estábamos solos en aquel cruce de caminos, gritó: «¡Regalo árboles, regalo árboles!» A lo mejor estaba calentando la voz. Le dije que antes de partir me regalara uno a mí, y lo hizo. Me encantó su elección, el árbol encajaba conmigo como un guante. Me quedé pensando qué nombre ponerle.
Me sentí triste mientras la veía alejarse por el camino. Era la primera persona regaladora ambulante de árboles que me había tropezado en mi vida. Por suerte, con el paso del Tiempo me tropecé muchas más, y ahora tengo un bosque (a coste cero). Pero no consigo verlo.
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Se murió la madre
de una madre
que trabajaba
ayudando a mi madre.
(Es habitual que las madres
necesiten ayuda
para una cosa o para otra).Se murió una madre
que trabajaba,
antes de ser madre,
ayudando a mi madre.
(Por cosas de la vida,
se convirtió
en un trabajo hereditario).Es habitual que las madres
se ayuden unas a otras,
por cariño o por dinero
o por las dos cosas.
No se sabe cuánto de cada,
pero no importa.Porque el dolor
de la muerte
siempre duele
y duele el dolor de ver doler,
hasta que el dolor
también muere
(lo mata el Tiempo).Se murió una madre
con nombre de flor
y no llegué a tiempo
de decirle adiós. -
POR FIN ve la luz el número 2 del fanzine INUTILIDADES, instrumento del Inutilitarismo, movimiento cultural cuyo lema es la inutilidad de lo inútil. Desde mañana lunes estará disponible (en papel, claro) en el punto de distribución habitual, la Librería Independiente La Pardela, de Santa Cruz de Tenerife.
Gracias por su paciencia y, aunque no sirve para nada, esperamos que les guste.

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En cierto día de este mes de mayo del veintiséis, mi padre hubiera cumplido noventa y cuatro, si no hubiera muerto con ochenta y nueve. Le sobraron los tres últimos. ¿Alguno del medio? Tal vez. Lo curioso es que veintiséis, noventa y cuatro, y ochenta y nueve, suman doscientos nueve. Aunque esto no significa nada. Dije que era curioso por decir, en realidad es una estupidez.
El caso es que mi padre ya estaría fuera de rango según el Instituto de Estadística (da igual cuál). Hay que ver, el Tiempo, con su tic tac mecánico (o con su fluir de agua, arena o átomos), que todo lo puede: el Gran Destructor.
Dicen que todo lo cura (por ejemplo, penas de amor) y que todo lo pone en su sitio (por ejemplo, faltas de soberbia), pero sólo son estados intermedios. Lo curioso del Tiempo es que, con el paso del tiempo, lo destruye todo. Esto también lo digo por decir, pero puede que no sea una estupidez. Quien sí lo crea, que se atreva a desafiarlo (al Tiempo). Si sale victorioso, reconoceré mi estúpido error: decir que no era una estupidez.
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Voy caminando al trabajo a las siete de la mañana. Se intuye algo de claridad en el horizonte del Mar Tenebroso. En la calle desierta hay un árbol lleno de pájaros. No puedo verlos, pero llevo unos minutos oyéndolos, mientras me acerco: están piando como locos, metiendo un ruido de mil demonios (o de mil ángeles, que tienen alas, a pesar de ser incorpóreos). Me quedo un rato escuchándolos; a veces me parece percibir cierta armonía en el desordenado escándalo.
Al lado del árbol está la tapia del cementerio antiguo. El ruido de los pájaros no altera el descanso de los muertos, porque no están descansando, están muertos. Casi nadie los recuerda ya. Los viejos huesos se deshacen en polvo, igual que las brillantes cajas de madera que una vez los acogieron.
Al otro lado de la calle hay un flamante centro comercial. Bajo los neones apagados, varias personas sin hogar intentan descansar envueltas en cajas de cartón. Junto a una de ellas siempre hay un perro, que asoma el hocico bajo una manta raída y me mira al pasar.
Al otro lado del mundo, a la vuelta de la esquina en realidad, unos canallas hacen la guerra desde sus despachos (cuadrados u ovalados). ¡Malditos sean! Mil veces malditos.
Me alejo del árbol de los pájaros. Tengo que fichar, para hacer las tonterías con las que me gano la vida. Los muertos siguen deshaciéndose y desapareciendo del recuerdo. Las personas sin hogar están contando los minutos para recoger sus camas de cartón (hoy no está el perro bajo la manta). Los canallas siguen matando. El sol sale y los pájaros callan.
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El Inutilitarismo está de enhorabuena. Tras la gran acogida del primer número del fanzine Inutilidades, con una tirada provisional de 37 ejemplares, comienza la preparación del segundo (Mayo-Junio). Pueden remitir sus creaciones desinteresadas a inutilidades@mf.me, para su valoración por el comité editorial. Tres cosas:
– Deportividad.
– Nada de IA.
– Mil gracias.
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UNA DE las pocas cosas interesantes que escribió André Malraux (1901-1976) es una pequeña anécdota que cuenta en sus Antimemorias: Le preguntó a un viejo sacerdote qué había aprendido sobre la naturaleza humana tras pasar toda su vida escuchando las confesiones de sus feligreses. El cura respondió: «Básicamente, que no hay adultos».
Me acordé de esta historia hace unos días, mientras asistía a un congreso sobre rollos del espacio. Se hizo una conexión en directo con la Estación Espacial Internacional para que unos niños (niño y niña) de 14 años pudieran hablar con las astronautas Jessica Meir y Sophie Adenot. El objetivo (que ya no sé si es bueno o malo) era fomentar las vocaciones científicas y tecnológicas en temas del espacio.
Pero al escenario no subieron sólo los niños, sino también cuatro políticos (tres hombres y una mujer). Cada uno de los seis le hizo una pregunta a las astronautas, y uno de los políticos (tal vez el de mayor rango) preguntó por segunda vez. Me pareció un poco ridículo. Lo suyo, en mi opinión, hubiera sido dejar que los niños hablaran todo el rato con las astronautas. Pero los políticos quisieron tener sus minutos de gloria y su foto, y la organización del congreso se los permitió (por razones tan obvias como vergonzosas).
En conclusión, es verdad que no hay adultos. Y en época preelectoral, menos.

Nota generacional: el niño y la niña eran altísimos y hablaban inglés súper bien.
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PERSONA seguidora de la corriente que, desde el siglo VIII, promueve insistentemente, para desesperación de sus semejantes, el culto a las imágenes sagradas, y fomenta su proliferación indiscriminada.
Con el advenimiento de la informática personal a finales del XX, los iconoplastas tuvieron una destacada participación en el diseño del Windows 95. Les parecía insoportable que el Windows 3.11 para trabajo en grupo tuviera todos los iconos iguales.
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LAS POSIBILIDADES de diseño de un fanzine (fan magazine) son infinitas. A continuación vamos a ver un ejemplo con el fanzine Inutilidades, que puede servir de inspiración y como introducción a las técnicas generales.

Lo primero es tener un tema o contenido sobre el que versará el fanzine. En nuestro caso, Inutilidades es un fanzine «cultural» (poesías, relatos, ensayos, reseñas de libros, fotos, mapas, etc.), creado como vehículo de expresión del movimiento inutilitarista, pero puede tratar del tema favorito de cada cual: música, moda, bicicletas, naturaleza o lo que sea.
Después hay que escoger un diseño. Nosotros hemos optado por el tamaño A5 (la mitad de un A4 de toda la vida), para que sea más fácil de transportar y sea más «intimista»; un tamaño tipo revista convencional nos parecía demasiado grande. Aunque, con la idea de hacerlo diferente y más divertido, no todas las páginas son A5. En este primer número hemos empezado con veinte páginas en dos tamaños: cuatro páginas A5 (una hoja A4 plegada por la mitad, que hemos llamado «opúsculo») y dieciséis páginas A6, en dos grupos de ocho páginas (cada uno hecho con un A4 plegado en cuatro, que hemos llamado «opusculillos»). Es decir que obtenemos las veinte páginas del fanzine (cuatro A5 y dieciséis A6) con solo tres hojas A4. Por evitar confusiones, nótese que hemos llamado «hoja» al papel, que tiene dos caras o «páginas». Si doblamos una hoja por la mitad, se obtienen cuatro páginas, etc. En la siguiente foto se ve cómo van montados los opusculillos:

En todo caso, siempre se pueden añadir más hojas/páginas en caso necesario. Además, el fanzine lleva un marsupio (bolsillo) para incluir contenido adicional; en este número es un mapa, pero puede ser una foto, un marcador para libros, etc. Todo el contenido va impreso en blanco y negro (por economía y por mantener el espíritu fanzinero de los 80), salvo un pequeño truco que veremos después. Así es el marsupio:

En la siguiente foto se muestra el material necesario. De izquierda a derecha: A4 de cartulina para la cubierta y contracubierta (y un recorte para el marsupio), A4 de color para el opúsculo, dos A4 blancos para los opusculillos, y un A4 de papel reciclado para el mapa:

Y en esta foto, lo mismo ya impreso:

Las herramientas básicas para hacer un fanzine son, para empezar, un ordenador y una impresora (en este caso una pequeña láser bastante económica). Para hacer la composición hemos utilizado el LibreOffice Impress, que sería el equivalente en software libre del Powerpoint de Microsoft. En la composición hay que tener en cuenta dónde cae cada página, y su orientación, cuando se pliega la hoja A4. En la siguiente foto se ve, en la pantalla del ordenador, cómo irían las páginas de una cara de una hoja A4 de un opusculillo:

La herramientas manuales serían las siguientes: Reglas, plantillas, lápiz, cuchilla, plegadora manual o bone (absolutamente fundamental), marcador para plegar (hecho con un boli sin tinta), grapadora de brazo largo, redondeadora de esquinas, cola, pincel, prensa (hecha con un sargento de carpintería; deseable, pero no imprescindible). Se muestran a continuación:

El pequeño truco de color es el que se muestra en la foto siguiente. Es súper simple, pero tiene su gracia:

Por último, añadir que Inutilidades es una publicación «libre de IA», lo que implica el compromiso de las personas colaboradoras. (Lo de la IA es un aburrimiento y no requiere más comentarios).

