Carta fundacional del Inutilitarismo.
Por Juan Sin Tierra.
En el día de hoy, después de pensarlo durante poco tiempo, he decidido fundar un movimiento cultural llamado Inutilitarismo.
Puede que los movimientos culturales no nazcan así, por la cara, solo porque lo diga un pirado random, sino que requieran un proceso, algún resultado concreto y cierto grado de (re)conocimiento general. Pero bueno, así no hay que esperar tanto, no vaya a ser que el nombre se le ocurra a otro, y le doy al asunto cierta solemnidad, como las cartas de los primeros cristianos a los corintios, etc.
El Inutilitarismo es una corriente abierta a todas las personas creativas y creadoras. La condición esencial es crear cosas inútiles. No me refiero a que acaben resultando inútiles, por H o por B (algo relativamente habitual, dada la confusión imperante), sino que se conciban de entrada con plena consciencia de su inutilidad. La persona inutilitarista no tiene propósito ni objetivo alguno más allá de la diversión por el simple hecho de crear la inutilidad que esté creando. Just for fun, como dirían nuestros amigos británicos.
Llegados a este punto, hay que anti-reivindicar a Nuccio Ordine y su famosa obra La utilidad de lo inútil. Siendo brillante y necesaria, incluso recomendable, no inspira al Inutilitarismo, porque, si lo hiciera, sería útil. El lema del Inutilitarismo es más bien «la inutilidad de lo inútil». La paradójica posibilidad de que lo inútil resulte útil, no es asunto del Inutilitarismo. Si ocurre, bien, y, si no, también. La persona inutilitarista no se lo plantea, y, si se lo plantease, no sería inutilitarista.
¿Las personas inutilitaristas nacen o se hacen? Indudablemente, los bebés vienen al mundo siendo inutilitaristas (la mayoría de forma inconsciente), luego se deshacen, y, finalmente, en cierto porcentaje indeterminado (pequeño) y por circunstancias ignoradas, se hacen. Pero esta cuestión no tiene mayor interés. Lo importante es el perfil, dependiendo de la inutilidad preferida de cada cual.
El arquetipo de persona inutilitarista es la que escribe poemas, dibuja distraídamente en un trozo suelto de papel, o se dedica a alguna clase de artesanía. Es un error contraargumentar que la artesanía produce objetos útiles, el inutilitarismo reside en el hecho mismo de ejercerla. También tiene que ver con la percepción del tiempo, que se ralentiza gracias a la lentitud que caracteriza a toda actividad inutilitarista. Pero ojo, cuidado, otro error grave es pensar que el Inutilitarismo es un pasatiempo (horrible palabra); es justo lo contrario: no es un entretenimiento para dejar que el tiempo se nos escurra entre los dedos, sino una forma de lúcida y consciente conexión entre el humilde creador manual y el Tiempo, el Gran Destructor.
También encaja en el arquetipo la persona que escribe en prosa (exceptuando, quizás, la profesión periodística), o da paseos sin rumbo, caminando o en una vieja bicicleta. En general, suele gustarle la lectura y la conversación, aunque huye del tumulto. Tiende a contemplar los acontecimientos cotidianos con cierta perplejidad, y a cuestionar (casi) todo lo divino y lo humano, aunque sin acritud (es amable y sabe escuchar). Admirar a Pessoa, aunque sea un poco, también es un rasgo distintivo de la persona inutilitarista.
La acción inutilitarista es, por definición, anticapitalista. Esta es una cuestión peliaguda, pero no debe cundir el desaliento, por dos razones. La primera es que el Inutilitarismo no persigue la revolución ni es utópico, porque entonces sería útil, únicamente propone una mirada alternativa, no se sabe si nueva o recobrada. Si eso llega a ser útil, no concierne al Inutilitarismo. La segunda razón es que se trata de un movimiento cultural, no político. La paradoja, por tanto, insoslayable, es que el hecho de no ser un movimiento político, lo convierte en profundamente político, aunque, eso sí, políticamente inútil. En este sentido, el Inutilitarismo es una antropología.
Por supuesto, se puede ser inutilitarista parcialmente y solo a ratos, no se exige coherencia ni constancia. Cualquiera que se sienta inutilitarista, ya lo es automáticamente sin que nadie tenga que levantar el pulgar. Y menos, yo, que bastante he tenido con fundarlo.
Ahora bien, la gracia de este tipo de cosas es interactuar, compartir y difundir un poco las inútiles creaciones que vayan surgiendo. Porque hasta ahora hemos hablado solamente de las características externas del Inutilitarismo. Su verdadera impronta como movimiento cultural estará, además de en la (ausencia de) intención, en el contenido y el estilo de las creaciones. Pero ese puente ya se cruzará al llegar a él, es inútil preocuparse ahora. Lo necesario en este momento es establecer un medio de difusión que actúe como catalizador del encuentro y la conversación. Dado que debe cumplir la condición de ser lo más inútil posible, el medio ideal es el fanzine. Obviamente, en papel. Se llamará Inutilidades, y su contenido y periodicidad serán aleatorios.
Pueden dirigir sus colaboraciones (poemas, relatos, ensayos, reseñas, dibujos, fotos, mapas) para el primer número, a la dirección de correo electrónico inutilidades@mf.me (es una dirección real y operativa; en principio, se garantiza respuesta). Puede ser recomendable utilizar pseudónimos, no por privacidad y vergüenza, que un poco también, sino como homenaje a Pessoa. Otra cosa a tener en cuenta, para el material gráfico, es que la impresión será en blanco y negro.
Total, que queda fundado el Inutilitarismo y ya se irá viendo. Porque, en efecto, este movimiento cultural no sirve para nada.

