YA SE sabe que existe un día mundial/internacional para todo, incluso para las cosas más inesperadas. Lo que he descubierto hace poco es que también hay Vírgenes para prácticamente todo. En un palike anterior compartí mi ardua investigación sobre la aparente multiplicidad de las Vírgenes. La conclusión es que todas, desde la Candelaria a la de Guadalupe, desde la de Lourdes a la de Fátima, son la misma. La SMI (Santa Madre Iglesia), experta en el arte de la prestidigitación cognitiva, denomina «advocaciones marianas» a este desconcertante fenómeno.
Por ende, el bebé con el que habitualmente se representa a (casi) todas las Vírgenes, no es otro que Yisus recién nacido. Aunque, a diferencia de su(s) madre(s), no recibe nombres diversos, es decir, que afortunadamente a la SMI no le dio por crear también «advocaciones yisuíticas». Pero bueno, no quiero irme por las ramas.
Lo que decía es que hay Vírgenes para casi todo. Primero caí en la cuenta de que se dividen en dos grandes grupos: las que tienen un nombre más o menos normal, o hacen referencia a un topónimo (como las que mencioné antes); y las que tienen un nombre aplicado a algo, que son las que nos interesan. Un ejemplo es la Virgen de los Buenos Libros, de la que soy devoto, aunque a veces, todo hay que decirlo, me decepciona.
Mi último descubrimiento ha sido la Virgen del Tránsito. Me llamó la atención por una razón eminentemente práctica: encomendarme a ella en los aeropuertos, en el momento de hacer la conexión con un segundo vuelo. En efecto, la Virgen del Tránsito representa justamente eso: el momento en el que la susodicha, como si estuviera en un aeropuerto, se dispone a partir de viaje hacia el cielo. Aunque hay dos diferencias: la primera es que, en el caso de la Virgen, el cielo es el destino final, no un simple medio por el que se produce el desplazamiento (como con el avión); y la segunda, precisamente que no hay avión, sino que la Virgen sube al cielo por un medio desconocido. (La paradoja es que este hecho se atribuye a su Hijo, en lugar de a la paloma, que tiene la facultad de volar).
Resulta pertinente aclarar que lo que subió al cielo no fue sólo el alma de la Virgen, que no necesitaría medio físico de transporte, sino también el cuerpo. Según el dogma aprobado por la SMI en 1950, bajo la dirección de Pío XII (léase Pío shii), la Virgen no murió exactamente, sino que subió al cielo «en cuerpo y alma». La subida en sí es lo que se conoce como la «asunción de la Virgen María», que se celebra cada 15 de agosto. Y el «tránsito» es el momento justo anterior. Por eso a la Virgen del Tránsito se la representa yaciendo en una cama, con los brazos cruzados sobre el pecho, como si estuviera dormida.
Como el invento de la aviación comercial es posterior al tránsito de la Virgen, es posible suponer que el concepto de tránsito aeroportuario (que no todo el mundo conoce, dicho sea de paso) pudo inspirarse en aquél.
Y, ya por curiosidad, el 15 de agosto, en el que se celebra, como ya hemos dicho, la asunción (o postránsito) de la Virgen, también se celebra el Día Mundial de la Relajación.


