A FINALES del siglo XV gobernaban en España, con mano de seda, los famosos Rayos Catódicos, Ysabel y Fernando. Eran inutilitaristas: quisieron saber, por mera curiosidad intelectual, qué demonios había al otro lado del Mar Tenebroso. Con tal fin fletaron tres naves, y pusieron al mando de la flotilla al almirante Cristóbal de Paz, de desconocido origen, pero de reconocida humildad y bonhomía.
El buen almirante navegó hacia el oeste, desde las Islas Focarias, manteniendo una latitud constante (en aquellos tiempos no había relojes con la exactitud suficiente para calcular la longitud), hasta que fue a dar con unas islas desconocidas para él.
Don Cristóbal de Paz desembarcó en son de ídem (lógicamente no llevaban armas a bordo) y habló con el gobernante de aquellas islas, llamado «cacique», que en su idioma quería decir «el que gobierna con sabiduría, bondad y justicia». Tuvieron que entenderse con signos y gestos. Para mayor facilidad de los lectores y lectoras actuales, reproducimos lo que se dijeron en forma de diálogo convencional:
Cristóbal de Paz: Gracias por recibirnos tan amablemente, querido Cacique. Es un alivio comprobar que no había monstruos por estas tierras.
Cacique: Jajaja, menos mal no nos habéis tomado por tales, querido don Cristóbal. Es un placer ofreceros nuestra hospitalidad.
CdP: Por cierto, nosotros adoramos a un dios, llamado Dios, que es un poco cascarrabias, pero creemos que creó el mundo y vela por nosotros, un poco a su manera, todo hay que decirlo. ¿Queréis que os hablemos de él y de su hijo, que murió clavado en una cruz, por si queréis convertiros a nuestra religión?
C: No, gracias, nosotros tenemos nuestros propios dioses. ¿Queréis que os hablemos de ellos, por si queréis convertiros vosotros?
CdP: No, gracias.
C: Ah, perfecto.
CdP: También tenemos una cosa llamada «universidad», que a lo mejor os interesa. Es un centro donde se reúnen nuestras personas más sabias, para investigar y enseñar a los jóvenes.
C: Oh, pues tiene buena pinta, contadme, contadme.
Don Cristóbal le contó, y al Cacique le encantó la idea.
Cacique: Me encanta la idea. Fundaremos una universidad con vuestra ayuda, y os estaremos eternamente agradecidos. La Historia se hará eco de esta gran gesta de los españoles.
Don Cristóbal regresó a dar cuenta a los Rayos Catódicos de que no había monstruos al otro lado del mar, sino personas.
Los españoles se sintieron orgullosos por la fundación de la primera universidad de América.


