ESTA mañana me sentí un loco. Quedé a tomar café con unos amigos que viven en la ciudad de al lado, a ocho kilómetros de distancia, y se me ocurrió ir (y regresar) andando. No es la primera vez que lo hago, pero sí que me asalta este sentimiento de locura.
¿Alguien en su sano juicio caminaría dieciséis kilómetros para tomar un café?
Lo normal hubiera sido ir en coche (el transporte público ya hubiera sido de pringado o una extravagancia). Y a todo el mundo le hubiera parecido igualmente súper normal que, después de regresar en coche y dejarlo a buen recaudo en el garaje que me cuesta n euros al mes, hubiera ido a ejercitarme al gimnasio, por el que pago otros m euros mensuales (el primer año).
Caminar tranquilamente, contemplando el entorno (urbano en este caso), sin contaminar (excepto por el propio resuello) ni hacer ruido (excepto por los propios pasos), pensando uno en sus cosas (o en las de otros), es claramente una locura.
