Las tribulaciones de un marinero en tierra

#316 El tiempo

En cierto día de este mes de mayo del veintiséis, mi padre hubiera cumplido noventa y cuatro, si no hubiera muerto con ochenta y nueve. Le sobraron los tres últimos. ¿Alguno del medio? Tal vez. Lo curioso es que veintiséis, noventa y cuatro, y ochenta y nueve, suman doscientos nueve. Aunque esto no significa nada. Dije que era curioso por decir, en realidad es una estupidez.

El caso es que mi padre ya estaría fuera de rango según el Instituto de Estadística (da igual cuál). Hay que ver, el Tiempo, con su tic tac mecánico (o con su fluir de agua, arena o átomos), que todo lo puede: el Gran Destructor.

Dicen que todo lo cura (por ejemplo, penas de amor) y que todo lo pone en su sitio (por ejemplo, faltas de soberbia), pero sólo son estados intermedios. Lo curioso del Tiempo es que, con el paso del tiempo, lo destruye todo. Esto también lo digo por decir, pero puede que no sea una estupidez. Quien sí lo crea, que se atreva a desafiarlo (al Tiempo). Si sale victorioso, reconoceré mi estúpido error: decir que no era una estupidez.


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