Las tribulaciones de Juan Sin Tierra

El problema del polizón

También conocido como «el dilema del viajero gratis», es un problema clásico de la teoría de juegos.

Aclaro, antes que nada, que soy muy crítico con la teoría de juegos (no por su formulación matemática, sino por su falaz e «ideologizada» aplicación), pero sirve para contextualizar y enfocar la cuestión.

El problema del polizón se plantea cuando una persona utiliza un servicio sin pagar por él, por ejemplo, si se cuela en el metro. Si el resto de usuarios hiciera lo mismo, la compañía quebraría por falta de ingresos y todos resultarían perjudicados.

Simplificando mucho (tampoco voy a trazar ahora un perfil psicológico exhaustivo), el polizón racionaliza la decisión de colarse en el metro con el argumento de que los trenes circularían igual con él que sin él, es decir, que un pasajero de más no influye en nada. No es consciente de estar perjudicando a la empresa ni al resto de usuarios, que forman un colectivo difuso e indeterminado; digamos que «no les pone cara».

En conclusión, en este caso el polizón es un caradura con la conciencia relativamente tranquila.

Una variante del problema del polizón es la que involucra a un número mucho menor de «jugadores», por ejemplo, cuatro hermanos que tienen que hacer turnos para atender a su anciana madre, que ya no puede valerse por sí misma, y uno de los hermanos (el polizón) se escaquea de participar en los turnos. Si todos los hermanos hicieran lo mismo, la madre se quedaría desamparada. El beneficio del polizón es análogo al del caso anterior: antes era el ahorro de dinero (el importe del billete), ahora es el ahorro de tiempo y molestias.

Simplificando mucho (tampoco voy a trazar ahora un perfil psicológico exhaustivo), el polizón se va «desinvolucrando» paulatinamente, adoptando una postura ultracrítica hacia el resto de hermanos (aderezada con opiniones y consejos que él mismo no piensa seguir), hasta llegar a la ruptura total o escaqueo efectivo. En este caso, como es obvio, los perjudicados (el resto de hermanos, que tienen que hacer más turnos, y la madre, que sufre al observar el comportamiento de uno de sus hijos) están perfectamente identificados y son tangibles para el polizón. Por este motivo, el polizón está obligado a autojustificarse, de forma continua en el tiempo, a base de agravios ficticios que acallen su conciencia.

En conclusión, en este caso el polizón ya no es un simple caradura, es un malvado en lucha constante contra su conciencia.


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