Las tribulaciones de Juan Sin Tierra

Vida simple

Mi interés por la vida simple (no usaré la palabra minimalismo) viene de la lectura de Menos es más, de Nicolas Ridoux, allá por 2009 en plena crisis económica. En realidad, el libro de Ridoux trata sobre el decrecimiento, tal como su título original indica (La décroissance pour tous), pero ya se sabe la desafortunada costumbre española de alterar los títulos de libros y películas.

No voy a adentrarme ahora en el berenjenal del decrecimiento como “doctrina” económica, solo quiero hablar de la vida simple desde una perspectiva individual (la mía) y como vía para reducir el estrés.

Sin tener ni p… (*) idea de psicología, medicina o artes similares, he llegado a la conclusión de que estar sometido a un estrés de intensidad moderada, pero continuado en el tiempo, es mucho peor que sufrir, de vez en cuando, una situación de estrés intenso pero de corta duración.

Digamos, siguiendo la lógica paleo, que la madre naturaleza nos ha dotado de un mecanismo (chute de adrenalina) para intentar escapar del rinoceronte, del gorila o del [escriba aquí su fiera favorita], pero no estamos preparados para mantener, impunemente, un elevado nivel de estrés durante largos periodos de tiempo.

Pero, ¡ay!, si algo caracteriza la vida moderna del Homo (lo de sapiens es sólo un eufemismo narcisista) es precisamente el estrés, debido a la manía de complicarse la vida para cargar (estúpidamente) con una cada vez más pesada mochila de compromisos absurdos, necesidades ficticias y objetos inútiles, entre otras cosas.

He empezado a simplificar por lo más fácil y evidente: el mundo digital y las posesiones materiales.

He cancelado dos cuentas de correo que no sé ni para qué las tenía, me he dado de baja de una plataforma de contenidos con la que, más que otra cosa, perdía (miserablemente) el tiempo y he eliminado una docena de cuentas de diversos servicios que utilicé o pretendí utilizar alguna vez. Al final, he apuntado en una hojita de papel las cuentas que realmente necesito (compañía eléctrica, de seguros y de telefonía) y tira millas, Cabanillas. Las redes sociales al mínimo, solo tres grupos de chat (sí, solo tres, y con poca gente) y Twitter, siguiendo en “modo lectura” a media docena de personas, y a escupir a la calle.

En cuanto a mis posesiones materiales, he empezado por los libros y la ropa. He “liberado” unas diez docenas de libros en los últimos meses y he conseguido que toda mi ropa quepa en un armario de un metro de ancho y dos de alto. Empecé por hacer una limpia de varias vueltas y ahora no compro ninguna prenda sin deshacerme de otra equivalente al mismo tiempo. Y lo mismo con el calzado.

Una vez superado el “miedo” inicial, tirar o donar es una verdadera liberación. Ligero de equipaje se vive mejor. 

(*) Pajolera


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