Las tribulaciones de Juan Sin Tierra

Regreso en taxi de una cena. El taxista me cuenta que trabajó de guardia de seguridad en un campo de fútbol. (No tiene pinta, es más bien bajito y regordete).

Me explica que los aficionados llevaban bolas de acero escondidas en los bocadillos, para lanzarlas con tiragomas. Expreso mi sorpresa y reprobación mediante un sonido inarticulado.

Me resulta curioso que el bocadillo no haya perdido su tradicional función de escondite para burlar los controles de seguridad.


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