Las tribulaciones de Juan Sin Tierra

#60 Ucronía

Justo antes de la salida del sol, José se levantó sigilosamente de su lecho de paja. María y el niño seguían durmiendo. Se habían acostado a las tantas, con los pastorcillos dando la brasa y enredando por todas partes.

Sacó de su escondite el cofre con oro que les habían traído los Magos de Oriente y pasó su contenido a las dos bolsas de cuero que había preparado al efecto. Se las ató al cinturón, una a cada lado, y las cubrió cuidadosamente con la túnica. Miró con desdén los cofres de incienso y mirra que seguían al pie del pesebre.

Despertó a María con una leve sacudida y se echó a la espalda el hatillo de ropa que ya tenían preparado. María se levantó, sacó al niño del pesebre y lo envolvió cuidadosamente con una sábana. Anudó las puntas para formar una especie de mochila que se colgó sobre el pecho. El niño siguió durmiendo plácidamente.

Consiguieron salir de Belén sin ser molestados. Se alejaron a toda prisa en dirección a la costa, donde pensaban embarcarse hacia una nueva vida. Ahora eran muy ricos. Benditos Magos de Oriente.

Epílogo:

Se establecieron en Cefalú, Sicilia. José invirtió con prudencia y aumentó su fortuna. Cuando Jesús llegó a la edad adulta, no quiso dedicarse a los negocios de su padre. Tenía inclinaciones místicas y se hizo sacerdote del dios Mitra. El mitraísmo llegó a ser la religión oficial del Imperio, pero no cuentan las crónicas si Jesús tuvo algo que ver en eso.


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