Las tribulaciones de Juan Sin Tierra

El superpoder de Tarzán

Tarzán causaba admiración universal por sus proezas físicas: atravesar la selva africana saltando de rama en rama (gracias a las oportunas lianas) mientras emitía a pleno pulmón su característico grito, o liquidar a cualquier fiera salvaje (el taimado cocodrilo o el displicente león) en combate cuerpo a cuerpo, armado de un simple cuchillo.

Pero cuando leí «Tarzán de los monos», la primera de las novelas de Tarzán, después adaptadas al cine, que catapultaron a la fama a Edgar Rice Burroughs, descubrí que su verdadero superpoder es de naturaleza intelectual, no física.

Sus padres murieron cuando apenas tenía unos meses y fue criado por una simia (gorila probablemente) en plena selva. Cuando tenía diez años encontró la cabaña que había sido de sus padres (y donde él había nacido), en la que había varios libros, entre ellos una cartilla infantil y un diccionario. Ni corto ni perezoso, aprendió a leer y escribir el idioma inglés (no a hablarlo) de forma completamente autónoma. De esta forma, con lápiz y papel escribió sendas notas, con una redacción impecable, destinadas a los siguientes exploradores que aparecieron por aquellos lares.

Años más tarde, ya de adulto, aprendió a hablar… en francés, gracias a las enseñanzas de un teniente de esa nacionalidad, al que rescató de una tribu caníbal. Precisamente por intermediación del teniente francés ante la policía de París, Tarzán es por fin identificado como Lord Greystoke, sin ningún género de dudas, gracias al cotejo de sus huellas dactilares (el padre de Tarzán, previsoramente, había impreso en su diario, también hallado en la cabaña, las huellas dactilares de su hijo recién nacido; por lo visto, las huellas no cambian con la edad).

La novela termina con Tarzán conduciendo su propio automóvil por tierras americanas, donde había acudido en busca de su amada Jane. No digo si la encuentra por no hacer spoiler.

Debo aclarar que Tarzán tenía posibles, gracias al tesoro que le había arrebatado a unos marineros amotinados que habían recalado en la costa africana (era una selva pegada al litoral, no de interior, como yo pensaba de ver las películas).


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