SUELO ir al Museo de Bellas Artes de mi ciudad. Echo un vistazo de quince minutos a cualquier sala, y me piro como un vampiro. Es el típico museo de aire decadente, con pocos visitantes, aunque la entrada es libre, y que pasa desapercibido, aunque está en pleno centro en un edificio emblemático.
Hace unos días me llamaron la atención los cartelitos descriptivos de algunos cuadros del siglo equis-i-equis, que estaban pegados en la parte inferior de los marcos. Estaban rotulados a mano con una letra bastante bonita. Y luego, en una esquina de la sala, había un mural con muchos de esos cartelitos, que me imagino que habrían sido sustituidos por rótulos modernos, impresos y tal. Es la foto que acompaña este palike. Al llegar a casa, dibujé un alfabeto con esos tipos, mirando la foto, para usarlo en mi cuaderno de notas.
Los palitos o pequeñas terminaciones que rematan las letras se llaman serifas, gracias, remates, patines o terminales. Y los tipos de letra que usan serifa se llaman, claro, letras con serifa. O con gracia, con remates, etc. Por ejemplo, la Times, Garamond o Courier.
Los tipos de letra que no llevan serifa se llaman, como no, sin serifa o, en francés, sans serif. De hecho, la palabra serifa viene de la francesa serif. También reciben el nombre de paloseco, de palo seco, sin gracia o grotescas. Por ejemplo, la Verdana, Calibri y Tahoma (que son del subtipo «humanista») o la Helvética, Frutiger y Univers (que son del subtipo «neogrotesco» o de transición).
Se supone que las serifas no son meros adornos, sino que sirven para guiar la vista en la dirección del texto, reduciendo la fatiga al leer. Esto es sobre papel. En las pantallas de ordenador, sobre todo en las primeras, de tubo de reyes católicos, era justo lo contrario: las serifas se leían peor y por eso se popularizaron las sans serif. Con las pantallas planas actuales ya da más igual.
La hipótesis más aceptada sobre el origen de las serifas es que se hacían como marcas de alineamiento, cuando se grababan letras sobre piedra a cincel.

