Las tribulaciones de un marinero en tierra

#204 (con)figuraciones (12)

EN LOS últimos años de colegio y primeros del instituto empecé a leer como un loco y a comprarme mis primeros libros. Hasta entonces lo que más leía eran los cómics que andaban por casa de las series Dumbo y Tele-Historieta, que tenían un formato idéntico pero abarcaban dos “universos” diferentes (los dos importados de USA, por supuesto): Walt Disney y Hanna-Barbera, respectivamente.

El universo Disney estaba poblado por antropo-bichos (animales que hablan y se comportan como humanos), como el pato Donald, sus sobrinos, Jorgito, Juanito y Jaimito, Daisy, el primo Narciso y el tío Gilito, que se zambullía en dinero como un delfín. Mis favoritos eran los Golfos Apandadores, tres corpulentos antropo-perros que llevaban antifaz todo el rato para que se supiera que eran delincuentes. Pero también había zoo-bichos, como el perro Pluto, cuyo amo (si se me permite este arcaísmo) era el antropo-perro Goofy. A los niños (al menos a mí) no nos llamaba la atención esta anomalía entre dueño y mascota, ni nos preguntábamos (al menos yo) quiénes eran los padres de Jorgito, Juanito y Jaimito, y por qué vivían con su tío Donald. Por si alguien no se acuerda, el ratón Mickey también tenía sobrinos: Morty y Ferdie.

En el universo Hanna-Barbera también había antropo-bichos, como los osos Yogui y Bubu (simples amigos, por lo visto, aunque Bubu es mucho más pequeño que Yogui y parece su sobrino), el perro Huckleberry Hound, los ratones Pixie y Dixie y el gato Jinks, Maguila Gorila y don Gato. Después tenían personas humanas, como Los Supersónicos (del futuro súper tecnológico) y los archiconocidos Picapiedra (de la Edad de Piedra, aunque conviviendo con dinosaurios, lo que, perdón por la digresión, ha hecho un flaco favor a la cultura general de nuestros infantes, pero en fin).

También había por casa muchos otros cómics “sueltos”, con todo tipo de protagonistas: el Pájaro loco, Tom y Jerry, la Pequeña Lulú, Popeye (nótese que tenía mazados los antebrazos, no los bíceps), los Pitufos, el Jabato, el Capitán Trueno… Lo que no teníamos, y nunca me interesaron, eran cómics de súper héroes tipo Spiderman, la Masa, el Capitán América y tal, que creo que eran de Marvel.

Bueno, y luego estaban los de Mortadelo y Filemón (y algunos de Zipi y Zape, el Botones Sacarino, Rompetechos…) y, mis preferidos, los de Astérix y los de Tintín. Mis historias favoritas de Astérix eran (y siguen siendo) La cizaña y Astérix en Córcega. De Tintín, La Isla Negra y El Asunto Tornasol.

Quizás como transición hacia la lectura de libros “convencionales” (no cómics), teníamos una colección de libros mixtos o biformato: una página cómic y la de al lado de texto sin dibujos. De éstos, recuerdo los típicos libros de Dickens (Historia en dos ciudades), de Emilio Salgari (Los tigres de Mompracem, del pirata Sandokan), de Julio Verne (20.000 leguas de viaje submarino), de Kipling (El libro de la selva) y muchos otros. Conservo unos cuantos y están guays.

En cuanto a libros no cómics, empecé leyendo los habituales de Enid Blyton, Los Cinco y Los Siete Secretos. En Los Cinco, uno de los cinco es Jorgina (Georgina), que no le gusta ser una niña. Se comporta como un chico y exige a los otros cuatro (y al resto de la peña) que la llamen Jorge. No está mal para unos libros infantiles de los años 40 (en Inglaterra, claro). 

También leí un par de Óscar (niño de una barriada como la mía, que tenía una oca en el piso y era huérfano de madre), de Carmen Kurtz, y de Los Hollister, una familia perfecta americana (el título original era The happy Hollisters) compuesta por madre, padre, cinco hijos (tres niñas y dos niños), un perro y un par de gatos. Los de Óscar no estaban mal, los Hollister no me gustaban mucho.

De este tipo de libros, mis preferidos eran y siguen siendo los de Guillermo Brown, de Richmal Crompton. Mi historia favorita es La aventura de medianoche de la señorita Montagu. Los tengo casi todos y los releo periódicamente.

Mi hermano mayor tenía dos series de libros que me gustaban: Jan y Los Tres Investigadores. Jan era un chico danés que resolvía misterios junto a su amigo Erling. Jan era deportista (un as del fútbol), atrevido y estudiante regulín, mientras que Erling, alias “el gordo” (hoy este mote no sería admisible), era un empollón apalancado. Típicos estereotipos. Pero me gustaba, porque iban de excursión en bicicleta (Erling resoplando), navegaban en velero por los fiordos, etc.

Los libros de Los Tres Investigadores estaban patrocinados por Alfred Hitchcock (el nombre completo de la colección era Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores). Los protagonistas eran tres chicos de California que investigaban (y resolvían) misterios. Su líder natural, Júpiter Jones, vivía con sus tíos, que tenían una chatarrería. Júpiter había ocultado bajo la chatarra una vieja caravana, que hacía de oficina, a la que se entraba por un acceso secreto. Me encantaba. De estos libros me compré yo unos cuantos.

También empecé a sacar libros de la biblioteca. Casi todos los viernes por la tarde iba a la recién inaugurada Casa de la Cultura. Me daba un poco de miedo, porque tenía que atravesar una barriada teóricamente conflictiva y pasar junto a la cárcel, que me imponía bastante. La verdad es que nunca me pasó nada. La cárcel sigue existiendo, pero como centro de régimen abierto. Los enormes muros han sido sustituidos por unas vallas normalitas y los módulos son edificios modernos pintados de colores. Parece más un colegio o un hospital que una cárcel. 


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